Este jueves tendrá lugar la Función de las Cinco Llagas en la Iglesia de San Agustín, en cumplimiento de el voto que se acordó en el año 1600 por la remisión de la Peste

Es el único acto de la Semana Santa pamplonesa al que la Corporación acude en ‘Cuerpo de ciudad’

Función de las Cinco LlagasEste próximo jueves en Pamplona tendrá lugar la Función de las Cinco Llagas. Es el único acto de la Semana Santa enteramente municipal, ya que desde hace más de cuatro siglos el día de Jueves Santo la Corporación de Pamplona asiste en ‘Cuerpo de ciudad’ a la Iglesia de San Agustín, para renovar el voto que los regidores de la ciudad acordaron el 2 de septiembre del año 1600, un año después del fin de una epidemia de Peste Bubónica.

El jueves a las 17.25 horas, la Corporación municipal saldrá en comitiva desde la Casa Consistorial, con los corporativos provistos de cadenas, medallas y bastón, ellos con frac y chistera y ellas con traje de gala y mantón, para dirigirse a esta función litúrgica recorriendo las calles Mercaderes y Calderería hasta llegar al templo.

Es el único momento del año en el que las medallas de los Corporativos cuelgan por el reverso del emblema, el espacio dónde figura la representación de las Cinco Llagas. Como describía Premín de Iruña en 1932 “sobre fondo de oro las cinco llagas (…) esmaltadas en color rojo a modo de sangre, y por orla la corona de espinas de color verde”. En el anverso de la medalla oficial está el escudo de la ciudad. El acto en sí comenzará a las 17.30 horas.

Una procesión “interior”

Es esta una procesión peculiar, que transcurre por el interior del templo, aunque no siempre fue así. Hoy en día la Corporación, presidida por el alcalde de Pamplona Enrique Maya, se colocará en el Altar Mayor y, tras al saludo del párroco, se iniciará el recorrido de la comitiva. La encabezarán los hermanos de la Hermandad de la Pasión con los hachones, la bandera ‘de luto’ de la ciudad, con su portador y los dos borlistas, seguidos por el Cabildo Catedralicio. Tras ellos va, en andas portadas por cuatro personas, la efigie de las Cinco Llagas. A continuación se disponen los maceros, el resto de la Corporación municipal y, cerrando la comitiva, la Policía Municipal en traje de gala.

Tras la procesión en el templo, la Corporación vuelve al Altar Mayor de la iglesia para escuchar la alocución del párroco. Finalizado la Función, alrededor de las 18 horas, la Corporación se trasladará a la Catedral de Pamplona para participar en los Oficios y la Misa ‘In Coena Domini’. La jornada concluirá en la iglesia de San Saturnino, templo al que está adscrito el Ayuntamiento, donde se realizará la tradicional visita al Monumento.

“Las Cinco Llagas de Nuestro Señor”

Las Cinco Llagas es un paso que se lleva en andas; una imagen policromada de un Sagrado Corazón que descansa sobre las manos de dos ángeles arrodillados. El Sagrado Corazón tiene tallado en su superficie la representación de las heridas de la Crucifixión: las llagas de las extremidades del Crucificado y la que, según las Escrituras, le infligió la lanza de Longinos en un costado, circundadas por la corona de espinas.

El Voto de las Cinco Llagas, es uno de los diez que comprometían a la ciudad. Éste se instauró en el año 1600 como acción de gracias por la erradicación de la peste que, año anterior, asoló la ciudad y diezmó a la población. Como recoge el historiador Juan José Martinena, contaba el escribano Martín de Senosiain, Secretario del Ayuntamiento, que en el año 1599 un fraile franciscano de Calahorra, tras recibir una comunicación divina, transmitió a su superior, y éste al obispo de la ciudad, cómo acabar con la peste que azotaba Pamplona.

El remedio, que al parecer funcionó y según los cronistas erradicó la enfermedad, era que la población portara sobre el pecho descubierto durante 15 días la imagen impresa en papel o pergamino de las Cinco Llagas, además de realizar una procesión en Jueves Santo con las “sagradas insignias” en andas. La ciudad se volcó, muchas fueron las procesiones y veneraciones de las que hay noticia, y cuentan las crónicas que en el plazo fijado por el sueño del monje, la peste terminó.

El Consistorio elevó al año siguiente el Voto a acuerdo municipal y se estipuló su celebración periódica que, como recoge Juan José Martinena, se siguió cumpliendo salvo en periodos como la Francesada de 1809, los años de la Desamortización de Mendizábal o durante la II República.

 

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