La exposición se puede visitar desde mañana viernes hasta el 12 de marzo en la planta baja del Pabellón de Mixtos
El pintor e ilustrador pamplonés Jesús (Chuma) Arguiñáriz ha transformado la planta baja del Pabellón de Mixtos de la Ciudadela en un homenaje al ser humano y a los pequeños placeres de la ciudad, a esos rincones que la hacen especial, que se mantienen pese al tiempo a la medida del hombre. Es un homenaje sin palabras, sin muchas palabras, donde las imágenes hablan por sí solas y cada espectador puede inventar su propia historia ante cada obras.
Esta es la intención de Arguiñáriz y así lo ha explicado hoy en la rueda de prensa de su exposición ‘Sin palabras. Carne y Metal’. El técnico de Artes Plásticas del Ayuntamiento, Javier Manzanos, ha presentado al autor, que ya ha llevado su peculiar mirada de la ciudad a otros espacios expositivos municipales durante los últimos años, como el Palacio del Condestable. La exposición se inaugurará mañana viernes y podrá ser visitada hasta el próximo 12 de marzo en el Pabellón de Mixtos de la Ciudadela, en horario de martes a viernes de 18 a 20.30 horas; sábados de 12 a 14 y de 18 a 20.30 horas; y domingos y festivos de 12 a 14 horas.
Las imágenes de Arguiñáriz están agrupadas en cuatro grandes conceptos: metal, carne, agua y tinta. En ellos se resume la visión de Arguiñáriz de la vida en la ciudad. A juicio del autor, el hombre es un ser único, inteligente, ambicioso, también prepotente, con grandes sueños y deseos, pero que vive sin ser muy consciente de la fragilidad de su ser, de su carne, de sí mismo, de lo efímero de su existencia. En ‘Carne’, el artista refleja en acrílicos y óleos sus reflexiones, invitando al espectador a sumergirse en los pensamientos a través de desnudos y escenas se sexo explícito, hiperrealistas algunos, otros reducidos a pocos colores, dando la sensación de desenfoque.
Prosigue el autor que el hombre habita un mundo hostil, cada vez más deteriorado, rodeado de metal, asfalto y basura. Y dice que es cosa de tiempo, de poco tiempo, que acaben con nosotros. Pero que quedan algunas ciudades que aún mantienen ese tamaño a la medida del hombre, con sus plazas, paseos, puertos… Aunque no alberga la esperanza de que no acaben transformadas por la especulación y la avaricia. Hasta entonces, Arguiñáriz las recoge en sus cuadros. Son, en su mayor parte, imágenes de Pamplona, de rincones de la Plaza del Castillo, de la Media Luna, de Carlos III, imágenes de paraguas, de fuentes, de terrazas… En buena parte de ellas, su mirada de ilustrador se plasma limitando deliberadamente la gama cromática hasta lograr un efecto de desenfocado.
No faltan el agua y la tinta, sus otros dos conceptos, reflejados en imágenes del puerto donostiarra, en un paseo por la Concha o por el boulevard, o en grafito o tinta sobre papel que permiten vivir un paseo bajo la lluvia en Carlos III o adentrarse en el Café Iruña.
Cada uno del más de medio centenar de lienzos que conforman la exposición apenas tienen más descripción que su breve título. El espectador tampoco podrá encontrar más información en el catálogo de la exposición pues, como su propio nombre indica, Arguiñáriz busca llegar sin casi palabras, con sus imágenes, que hablarán al espectador directamente. Por ello también el autor ha prescindido de texto en el catálogo, de comentarios. Incluso de su currículum.
La trayectoria de Arguiñáriz (Pamplona, 1954) está jalonada de numerosas exposiciones, tanto individuales como colectivas, en diversas salas y galerías de Pamplona y de otras localidades navarras, además de Madrid, Málaga y Francia. También ha realizado colaboraciones gráficas e ilustraciones para distintas publicaciones. Sus obras han sido reconocidas con diversos premios en Navarra.
